El caso es que, evidentemente, allí nos juntamos seres de todo tipo y manera. Hay gente a la que ves más a menudo y otra a la que sólo ves en las bodas y entierros. A mi siempre me resulta muy gracioso observar el comportamiento del personal en según que ambientes:
Están los que quieren hablar con todo el mundo para quedar bien, los que se miran y se hacen los locos para no saludarse, los que a toda costa quieren organizar algún otro evento para juntarnos más porque “esto no puede ser”, los que se sientan lejos para no tener que dirigirse la palabra, a los que les toca juntos y no se pueden ver (estos son los más numerosos), los que echan la vacilada bien gorda porque como nadie sabe nada de su vida quieren parecer importantes aunque en realidad sean unos inútiles perdidos, los que se quieren hacer los listos hablando de cualquier cosa aunque no tengan ni p. idea de lo que dicen, los que se escapan cuanto antes con cualquier excusa lamentable y también estamos los que nos pegamos el rato riéndonos de todo lo que pasa a nuestro alrededor y de nosotros mismos también por si acaso.
La verdad que estos encuentros sociales, igual que las bodas, comuniones...son como bastante peculiares. Si, por lo menos, estás bien posicionado en la mesa y puedes echar unas risas, pues ya tienes unos minutos más para apuntar en el cuaderno.
Para resumir, la frase que utiliza siempre mi tato Ferni para desdramatizar en estos casos: “Familia de mierda”.